Una Memoria Territorial y Paisajística del Café
Arturo Taracena Arriola
EI libro aborda la realidad cafetalera del occidente guatemalteco, la Bocacostay, de cierta forma, la compara con la del Soconusco mexicano mediante cuatro líneas de investigación, entrelazadas a lo largo de sus capítulos.Se analiza la existencia de una territorialidad de origen cafetalero, representadaen regiones y microrregiones, que se yuxtapuso a la configuración político a...
Sinopsis
EI libro aborda la realidad cafetalera del occidente guatemalteco, la Bocacosta
y, de cierta forma, la compara con la del Soconusco mexicano mediante cuatro líneas de investigación, entrelazadas a lo largo de sus capítulos.
Se analiza la existencia de una territorialidad de origen cafetalero, representada
en regiones y microrregiones, que se yuxtapuso a la configuración político administrativa de Guatemala, la cual, en gran medida, quedó condicionada en el tiempo con la creación
de nuevos municipios. Esa territorialidad la construyeron, sobre todo, agrimensores
y mapas que promovian la propiedad de cafetales, y vio un incremento debido a los directorios de viajeros y a los naturalistas que recorrieron el país
y publicaron sus estudios en el extranjero.
La producción de una narrativa paisajística a partir de la loa a la producción de café como símbolo del progreso económico del régimen liberal, surgido con la Revolución de 1871, tuvo en el poeta cubano José Martí y en el fotógrafo británico Eadweard
J. Muybridge sus promotores, entre 1875 y 1878. Estos personajes contribuyeron
a presentar a Guatemala como productora del "mejor café del mundo"
en exposiciones universales de Europa y Estados Unidos. De hecho,
las microrregiones dieron a sus producciones una denominación de origen. También se ha incluido un breve apartado sobre el papel de los migrantes españoles
-grandes olvidados en la historia cafetalera guatemalteca- en el desarrollo
de la Bocacosta y en los cambios espaciales de ésta a finales del siglo xix e inicios del xx. Finalmente, el libro analiza la introducción tardía de ese paisaje y de la realidad social -representados en la finca cafetalera- en la literatura, la música y la pintura guatemaltecas a finales del siglo XIX y, sobre todo, a partir de la década de 1920, por medio de escritores como Manuel Valle Garavito, Rafael Arévalo Martínez, Flavio Herrera y Carlos Wyld Ospina, de músicos como Germán Alcántara Guerra y de la pintora Carmen L. Pettersen, ya en la década de 1940.
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