Mano del Muerto, la
Dumas, Alexandre
Cuando la fatalidad y la desgracia nos oprime, no falta quien se nos presente con la sonrisa en los labios, esperando hacernos partícipes de ambas, si la miseria no ha concluido aún del todo el prestigio de nuestra antigua opulencia.Es, pues, tal prestigio, el que reúne en torno de nosotros a todas las personas que nos conocieron dobladas al peso del infortunio.La baronesa Dang...
Sinopsis
Cuando la fatalidad y la desgracia nos oprime, no falta quien se nos presente con la sonrisa en los labios, esperando hacernos partícipes de ambas, si la miseria no ha concluido aún del todo el prestigio de nuestra antigua opulencia.
Es, pues, tal prestigio, el que reúne en torno de nosotros a todas las personas que nos conocieron dobladas al peso del infortunio.
La baronesa Danglars, si bien había sufrido ese peso formidable, reunía aún en su palacio a los principales caballeros de Gand y tenía el placer de oír elogiar sus doradas salas en París, como en las que se sabía recibir durante algunas horas a todos esos impíos elegantes de tapete verde y a quienes parece no faltar jamás el oro ni la voluntad de jugar, mientras haya poco interés en conocer los variados sistemas de su vida privada.
< El espíritu de orgullo de la interesante baronesa Danglars su figura esbelta y su rostro aristocráticamente pálido, donde brillaban o languidecián dos bellos ojos negros, cuando su endurecido pecho se dilataba con la expansión de un blando sentimiento, o se comprimía dominado por la ambición, no era lo que menos concurrencia atraía a sus salones.
Índice
I. Quien había jugado ya a la alta y baja de fondos
II. Benedetto
III. Los baronesa Danglars
IV. Los sesenta mil francos de Benedetto
V. El sepulcro
VI. El escenario del teatro en Roma
VII. Los agujeros de telón de boca
VIII. Dos hombres sin nombres
IX. Los espías franceses
X. Sorpresa
XI. Madre e hija
XII. La carta de Benedetto
XIII. El fingido secretario del Conde de Monte-Cristo
XIV. Robo
XV. Marido y mujer
XVI. El salteador romano y el ladrón parisiense
XVII. La corona
XVIII. El banquero retirado
XIX. La Vía Apia
XX. El coliseo
XXI. Comedía
XXII. La comedia se complica
XXIII. El rapto
XXIV. Continuación del anterior
XXV. Perfección de la justicia divina
XXVI. Una noche en el Mediterraneo
XXVII. El naufragio
XXVIII. La mujer sin nombre
XXIX. El auxilio del cielo
XXX. La serpiente
XXXI. Dos victimas inocentes de la venganza terrible
XXXII. La posada de (La Campana y la Botella)
XXXIII. La partida
XXXIV. Venecia
XXXV. Un sueño en la gruta de Monte-Cristo
XXXVI. Indagación
XXXVII. Los contrabandistas
XXXVIII. Terror
XXXIX. La gruta de Monte-Cristo
XL. El baile del Conde de Gradenigo
XLI. Primera oscilación del coloso
XLII. El Gitano
XLIII. El banquete de los pobres
XLIV. La carta
XLV. El camino de Florencia a Mantua
XLVI. Sorpresa
XLVII. La vanidad del hombre
XLVIII. Gratitud de Pipino
XLIX. La casa de campo de la familia Morrel
L. La mano derecha del señor Villefort
LI. Última noche en Monte-Cristo
LII. La vuelta al sepulcro
LIII. La paciencia del Cordero de Dios os acompañe
LIV. Despúes de la ejecución
LV. El penitente
LVI. La hermana de San Lázaro
LVII. El 27 de septiembre
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