Los Pasillos Imaginarios
Clará Majano, Carlos Adalberto
POESÍACarlos Clará(El Salvador, 1974)Poeta y editor. Pertenece a la generación noventera de la posguerra salva- doreña. Fundador del extinto Taller Literario El Cuervo. Ha publicado Montaje invernal en coautoría con Danilo Villalta (poesía, 1999). Aparece en antologías de poetas en Centroamérica y España e igualmente en revis- tas de la región, México y Suramérica. Fue coordina...
Sinopsis
POESÍA
Carlos Clará
(El Salvador, 1974)
Poeta y editor. Pertenece a la generación noventera de la posguerra salva- doreña. Fundador del extinto Taller Literario El Cuervo. Ha publicado Montaje invernal en coautoría con Danilo Villalta (poesía, 1999). Aparece en antologías de poetas en Centroamérica y España e igualmente en revis- tas de la región, México y Suramérica. Fue coordinador editorial y editor del antiguo Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Dirección de Publicaciones e Impresos). Exmiembro del consejo editorial de la revista Cultura. Fue jurado del Premio Nacional de Cultura en el 2009. Actualmente es editor del primer periódico digital de arte y cultura contrACultura, dirige la editorial AURA (no-ficción), es editor de Athena (no-ficción) e índole (ficción) y coedita Interfolia. Pertenece al colectivo Maniobra, Asociación Museo de la Ciudad de Santa Tecla, fundaciones Clic, Alkimia y Claribel Alegría.
«¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa?» se pregunta Vallejo en un poema memorable, y muy lejos en el tiempo y la distancia, un poeta amigo mío confiesa que quiso ser «blusero de la peor calaña o capitán de un barco que se hunde eternamente», pero que sólo es Carlos «36 años / meri- tísima oveja negra / traidor en llamas y salvaje equilibrista». En medio del camino de su vida, Carlos Clará nos regala estos poemas donde la aventura de sobrevivir a la violencia y a los vaivenes del amor no ahoga el silencio que le impide dormir. Se trata del mismo Carlos que escribe afiebradamente en los pasillos que no por imaginarios dejan de ser reales. Doloro- samente reales, pero también ardientes y hermosos.
«¿Quién al gato no dice gato gato?» se pregunta Vallejo. Y este Carlos confiesa que es un cuerpo desnudo «con una pala- bra secreta en los labios / y dos gatos mínimos que iluminan el desorden de las noches».
Eduardo Chirinos
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