Saltar al contenido principal
El Libro de los Monstruos

El Libro de los Monstruos

J.rodolfo Wilcock / Siruela, Jacobo

A tenor del célebre libro de su amigo Jorge Luis Borges, publicado en 1954, en el que reunía una insólita suma de seres imaginarios, Juan Rodolfo Wilcock nos presenta aquí un manual, no menos fabuloso, de textos breves, aunque ceñido a códigos totalmente distintos: los monstruos de Wilcock siempre se contemplan con una traviesa sonrisa en los labios, que a veces desemboca en ca...

Editorial:
Atalanta
Año de edición:
2020
ISBN:
978-84-120743-1-4
Páginas:
160
Encuadernación:
CARTONÉ / HARDCOVER
Colección:
ARS BREVIS
Q. 255
IVA incluido
No disponible
Añadir a favoritos Avisar disponibilidad

Sinopsis

A tenor del célebre libro de su amigo Jorge Luis Borges, publicado en 1954, en el que reunía una insólita suma de seres imaginarios, Juan Rodolfo Wilcock nos presenta aquí un manual, no menos fabuloso, de textos breves, aunque ceñido a códigos totalmente distintos: los monstruos de Wilcock siempre se contemplan con una traviesa sonrisa en los labios, que a veces desemboca en carcajada. Heredero directo del último Flaubert y de Kafka, sus criaturas corresponden al reino exclusivo del humor negro y la ironía feroz. Así, ya tengan todo el cuerpo recubierto de espejitos, como Anastomos, o de largas plumas blancas, como el arquitecto Mano Lasso; padezcan la no menos incómoda peculiaridad de contar con tres piernas y tres bocas, como el poeta Eher Sugarno; o soporten, como el asistente social Ilio Collio, unas tetillas de las que mana una especie de aceite espeso que vuelve su cuerpo extremadamente resbaladizo..., todo este estrafalario compendio de singularidad física no redime a ninguno de los personajes de la trivialidad cotidiana en la que tan a menudo se mueve la condición del ser humano. No importa la circunstancia, el absurdo siempre impone su terca ley; así, el veterinario Lurio Tontino viaja sin rumbo por el cosmos convertido en asteroide, o el doctor en letras Ugo Panda, cuyo cerebro es del tamaño de una avellana, compone canciones tan celebradas como ininteligibles.


Nacido en Buenos Aires en 1919, Juan Rodolfo Wilcock fue, como le definió una vez Bioy Casares, toda una constelación, pues cultivó con extraña originalidad y maestría todos los géneros literarios: la poesía; esporádicamente, el teatro; el ensayo y la crítica (escribía algunos artículos con pseudónimo, para polemizar consigo mismo en el mismo periódico y «sacarse la piel a tiras»). Pero, por encima de todo, fue en la prosa breve en donde alcanzó, como Marcel Schwob, su plenitud literaria, con un incomparable sentido de la ironía.
También cabe destacar su abundante, variada y notable labor como traductor, con más de cuarenta libros, primero al español (Kerouac, T. S. Eliot, Marlowe, Kafka, Buzzati, entre otros) y más tarde, a partir de 1958 año en que se traslada a Italia huyendo del peronismo, con sus traducciones para las más prestigiosas editoriales transalpinas, nada menos que de Shakespeare, Flaubert, Joyce, Beckett o Borges, de quien fue amigo cercano en su etapa bonaerense. Así, se reinventa y en poco tiempo pasa a ser una de las figuras más originales de las letras italianas, apreciada por Moravia, Calvino y su posterior editor Roberto Calasso. En 1964, Pasolini le propone interpretar el papel de Caifás en su película El Evangelio según san Mateo, y Wilcock acepta, consumando así otra faceta más de su poliédrica vida, cuyo telón cayó definitivamente en 1978.

Artículos relacionados

La Consteladora

La Consteladora

Guillén, Sònia

Hace cinco años que Candela no habla con su hija Alba. La distancia entre ambas parece insalvable, y cada intento de acercamiento ha terminado en silencio. Cuando oye hablar de las constelaciones familiares, acude buscando en ese ritual simbólico una última forma de reencontrarse con su hija, al menos en su interior.Lo que no imagina es que esa sesión marcará el inicio de una s...

Disponible

Q. 265

Corte de los Ilusos, la

Corte de los Ilusos, la

Beltran, Rosa

La corte de los ilusos no es un relato histórico, sino una tragicomedia que se enriquece con la recuperación de refranes, dichos populares y evocaciones de la época. En su primera novela, Rosa Beltrán reinventa la vida y la muerte del único emperador mexicano, Don Agustín de Iturbide: su fastuosa corte, sus curiosos parientes, amantes, fieles enemigos. 20 aniversario. Edición ...

Disponible

Q. 260

Corazon de la Bestia, el - Frutos Extraños

Corazon de la Bestia, el - Frutos Extraños

Guerriero, Leila

«Si todo cambia a toda velocidad, ¿cómo cambiará el concepto que los humanos tenemos de los animales en unos años? ¿Cómo se analizará en cinco décadas lo que se hacía con los animales en los años 20 del siglo XXI?» -LEILA GUERRIERO Una mona criada como humana durante 18 años en Ecuador. Una perrita millonaria con spa, cocinera y guardaespaldas en la Ciudad de México. Caballos q...

Disponible

Q. 160

Recuerdos del Porvenir, los (Ilustrado)

Recuerdos del Porvenir, los (Ilustrado)

Elena Garro

Una obra maestra, un punto y aparte en la literatura mexicana. Escrita con una prosa dotada de deslumbrantes poderes sensoriales, Los recuerdos del porvenir marcó el luminoso arranque en la trayectoria de Elena Garro. El pueblo de Ixtepec es quien cuenta en estas páginas una sucesión de episodios en los que se mezclan la crueldad y la fe, la pasión y el odio, la mentira y la pe...

Disponible

Q. 260

Los Incomprendidos

Los Incomprendidos

Pedro Simón

Una expedición memorable al corazón de una familia."Somos esa generación que en su infancia dejaba el mejor sitio de la mesa para el padre y que ahora se lo deja al hijo. Eso somos", dice Javier, el padre."La adolescencia puede ser un infierno. Basta con el cielo de los otros. Es suficiente con que te los imagines más felices y más guapos que tú y sin el nudo que sientes dentro...

Disponible

Q. 200

Los Ingratos

Los Ingratos

Pedro Simón

Una emocionante crónica familiar y sentimental. El retrato de un país que miraba al futuro y se olvidó de dar las gracias a la generación que lo hizo posible.«Nos rezaban que cuatro esquinitas tenía mi cama y que cuatro angelitos nos la guardaban, pero mi cama por lo menos tenía cinco. Y uno de ellos era una señora de campo que pinchaba cuando te daba un beso».1975. A un pueblo...

Disponible

Q. 200